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IV



Los estudios empíricos sobre la sociedad civil han avanzado en la línea de cuantificar y caracterizar su estructura y dinámica y han establecido una asociación entre esta realidad y el concepto de capital social. Hemos mostrado que no es posible seguir avanzando en esa dirección si no se establecen con mayor claridad algunos presupuestos conceptuales, ya que se trata de conceptos que tienen acepciones muy diferentes. Hasta ahora los intereses institucionales tras las iniciativas de reforma del estado han tendido a predominar por sobre una discusión conceptual adecuada con respecto a la sociedad civil y el capital social. Ello redunda en un privilegio de la investigación aplicada en función de rediseño de políticas, por sobre la construcción conceptual. Es necesario fortalecer la reflexión desde instancias académicas independientes, que incorporen estas temáticas en sus actividades. Como enfoque se requiere elaborar mejor la heterogeneidad de la vida asociativa en América Latina y discutir su evolución histórica en diferentes contextos nacionales, regionales, étnicos, etc. Ello debiera anteceder a los estudios comparativos que se basan en conceptos y metodologías homogeneizadoras.


La conceptualización del “tercer sector”, que ha tenido una importante difusión, sólo tiene una aplicación clara en terreno económico, sin que pueda resolver preguntas esenciales sobre la significación del universo denominado de ese modo. Resulta inadecuado homologar “tercer sector” con “sociedad civil”. Los cambios en la economía y el estado van haciendo más difusos los contornos entre “los sectores” tal cual estos han sido formulados.


Resulta especialmente relevante considerar las relaciones entre la “modernización económica” según el modelo neoliberal predominante y sus impactos sobre la formación y desarrollo de la sociedad civil. Si bien es posible que en determinados contextos surjan “nuevos actores” (fundaciones empresariales, empresas sociales, redes globales y otras) el rasgo más fuerte que puede observarse en la investigación empírica es la disolución de las bases de la asociatividad tradicional, sin reemplazo por otras. Incluso cuando se plantea la hipótesis de un “desplazamiento” desde el “capital social formal” al “informal”, no existen estudios previos acerca de la fuerza de ese capital informal, pero es plausible la hipótesis de que ese también era mucho mayor en contextos de menor impacto de las relaciones de mercado sobre la vida social. Es decir que la tendencia apunta a una disminución neta de la fuerza de las asociaciones, aunque quedaría una “reserva” de “espíritu cívico” informal.


También el contexto institucional es clave para entender la significación y peso que pueden tener las múltiples formas asociativas que existen. En todas las investigaciones se enfatiza el rol relevante del Estado como financista, impulsor e influencia sobre la sociedad civil “realmente existente”. Ese Estado fue “protector” en la etapa anterior al neoliberalismo. Actualmente sigue interviniendo, por la vía de fondos de inversión social, el clientelismo político y otros instrumentos, pero su intervención es radicalmente diferente, pues apunta principalmente a hacer viables las políticas focalizadas en sectores pobres. En el caso chileno esto ha tomado la forma del “pequeño proyecto” de infraestructura social, sin apuntar a la consolidación del capital social (ni formal ni informal) existente. El marco normativo que fija el Estado no ha evolucionado en un sentido de fortalecer a la sociedad civil, por lo que es también un condicionante importante de estudiar.


La introducción del concepto de “capital social” ha significado un interesante énfasis en las variables no económicas de la vida social, aunque bajo una conceptualización “traducible” para los economistas. El principal impacto de este concepto ha sido su rápida aceptación en círculos políticos y de la cooperación internacional, pues proporciona un instrumento fácilmente aplicable para la reorientación de políticas. Sin embargo la consideración del capital social como un subproducto de la sociedad civil, e incluso como su sinónimo, no aparece avalada por la investigación .


El estudio de la sociedad civil “desde abajo”, en contextos particulares es hoy una necesidad, frente al desarrollo de estudios comparativos y diseños metodológicos de pretensión amplia, que aplican una conceptualización sumamente restringida o simplemente inadecuada a contextos particulares. Es necesario desarrollar más los instrumentos de recolección de información de modo de trazar un perfil realista de las características de la sociedad civil en cada uno de esos contextos.


El concepto de sociedad civil es multidimensional y su delimitación supone criterios normativos aceptados, por alguna comunidad de alguna naturaleza. De tal modo que la orientación de los estudios descriptivos debe tomar en cuenta esa realidad y desarrollar indicadores complejos, que no necesariamente tendrán comportamientos sincrónicos entre sí. Al mismo tiempo, estos indicadores no deben referirse sólo al campo de “las organizaciones de la sociedad civil”, sino también a las dimensiones del contexto que determinan las características y significación de éstas.29


La investigación latinoamericana sobre sociedad civil ha hecho importantes avances en el último tiempo, tanto en el terreno teórico como empírico. Sin embargo ambos esfuerzos aparecen separados uno de otro, pues los estudios empíricos están asumiendo de modo poco elaborado conceptos provenientes principalmente del mundo anglosajón, sin someterlos a un escrutinio adecuado a la evolución histórica de nuestra región. Tanto la crisis del estado populista latinoamericano y su relación con los grupos sociales, como la imposición de modelos económicos neoliberales (mercados abiertos, concentrados, economías desreguladas) están contextualizando la emergencia de la sociedad civil y produciendo profundos cambios en la región. La posibilidad de que esta categoría constituya un factor relevante de la vida social latinoamericana depende en gran medida de su autonomía relativa frente a las determinaciones que imponen estos dos procesos globales. El estudio de la sociedad civil no puede ni debe eludirlos.

 Ponencia presentada a la 4ª Conferencia Internacional de la International Society for Third Sector Research (ISTR). Dublín, 5 al 8 de julio 2000. E-mail: delamaza@entelchile.net


Sociólogo. Fundación Nacional de Superación de la Pobreza


1 “Estas organizaciones conforman lo que comúnmente se conoce como sector ‘sin fines de lucro’, ‘organizaciones no gubernamentales’, ‘organizaciones de la sociedad civil’ o ‘tercer sector’” (Ibidem: 3) Sólo agregan que se trata de algo “más amplio” que lo que corrientemente se denomina como “organizaciones no gubernamentales”. (Ibidem: 5)

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 El Proyecto Comparativo excluyó, sin embargo, las organizaciones religiosas y políticas, aún cuando comparten estas cinco características, “para hacer este esfuerzo manejable”. Lester Salamon y Helmut Anheier, ^ The Emerging Sector. An overview. Baltimore, 1994, págs. 15-16. Con estos criterios de clasificación se han realizado estudios también en Perú, Colombia y Brasil.

3 La principal contribución del estudio sería precisamente el refinamiento metodológico para la búsqueda de los datos, lo que en un enfoque cuantitativo resulta de gran importancia.

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 Para ello se estableció un listado consolidado de organizaciones a partir de diversas fuentes, se las dividió en cuatro categorías (de afinidad, territoriales, filantrópicas y de apoyo) y en base a ellas se construyó una muestra provincial a las que se aplicó una encuesta construida a partir de los 15 indicadores. Ver: Indice de Desarrollo Sociedad Civil de Argentina. Formosa/Jujuy/Mendoza/Rio Negro/Santa Fe. PNUD/BID, 2000.

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 “El valor final del IDSC y de cada uno de los índices intermedios de Estructura, Proceso y Resultados podrán alcanzar un rango hipotético que varía entre 0 (nulo desarrollo) y 100 (máximo desarrollo) puntos, siendo el valor promedio de 50 puntos” (PNUD/BID 2000, p. 39)

6 PNUD (2000), ^ Mas Sociedad para gobernar el Futuro. Desarrollo Humano en Chile..El Informe realiza además una encuesta nacional de participación, estudios cualitativos sobre confianza y participación asociativa y un estudio de campo en territorios seleccionados.

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 PNUD (2000), ^ Sinopsis. Desarrollo Humano en Chile. Más Sociedad para gobernar el Futuro. Desarrollo Humano en Chile.

8De hecho el rigor metodológico con que se elaboró el Mapa Nacional de Asociatividad impidió incluir las asociaciones religiosas que son aparentemente las mayoritarias y que estaban consideradas conceptualmente. Los autores mencionan varios otros de problemas que dificultaron la confección del mapa, limitando su alcance.

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 “Mientras la asociatividad incluye todas las organizaciones de la sociedad civil, la sociedad civil no incluye todas las organizaciones que comprenden la vida asociativa de una sociedad”. El criterio de distinción no es su carácter voluntario, ni su autonomía del estado, se trata de criterios normativos, pues también existiría una “sociedad incivil”. Kumi Naidoo y Rajesh Tandon (1999), “La Promesa de la Sociedad Civil”. En CIVICUS, La Sociedad Civil en el Milenio, Cali, p. 13.

10 Diversos trabajos han analizado la existencia de diferentes “lógicas de acción” al interior de actividades económicas, dando lugar a categorías como “economía popular” y “economía solidaria”. Ver de Luis Razeto: Las Donaciones y la Economía de la Solidaridad, Santiago de Chile, 1994, págs. 107 y ss. Por otra parte, en la tradición francesa no se habla de “tercer sector”, sino de “economía social”, indicando una aproximación que incluye prácticas que también se realizan en el mercado. Ver de J. Defourny y P. Develtere, Orígenes y Contornos de la Economía Social en el Norte y en el Sur, Liege, 1999, págs. 17 y ss.

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 De hecho gran parte de la discusión sobre ONG en Chile y América Latina gira alrededor de sus relaciones con el Estado y de la falta de condiciones adecuadas para el desarrollo de ese sector. Ver de Gonzalo de la Maza, Informe de Investigación Relaciones ONG – Estado. 1990 - 1993. Presentado al Seminario “Innovaciones en las Organizaciones Privadas Sin Fines de Lucro”, Santiago de Chile, 1994.

12 Es la perspectiva de Jeremy Rifkin en El Fin del Trabajo, Paidos, 1996. En este texto demuestra que el tercer sector es un empleador creciente (el único) lo que lo vuelve económicamente relevante y anuncia que en el futuro seguirá aumentando su capacidad de brindar servicios, gracias a los recortes de los programas gubernamentales. Ver Cap. 17 “Potenciación del Tercer Sector”.



13 Ver por ejemplo de Anthony Giddens, “The role of the Third Sector in the Third Way”, en Focus, paper Nº 2, september 1999.


14 .De hecho ello aparece como justificación político institucional de las instituciones multilaterales que auspiciaron el estudio y no en el texto de investigación propiamente tal, como se desprende de las palabras de Janine Perfit, funcionaria del BID en el prólogo: “Tales colaboraciones (de la Sociedad Civil con los gobiernos y los mercados), redes y confianzas constituyen la base del capital social. Juntos, el capital físico, humano, financiero y social, aumentan la capacidad productiva de la sociedad (...) El Indice de Desarrollo Sociedad Civil es una herramienta clave ya que, no sólo ha sido difícil establecer mediciones sobre la magnitud y el tamaño de ésta, sino que hemos enfrentado enormes dificultades en delimitar a las OSC. Tal búsqueda (...) ha derivado en innumerables clasificaciones no siempre productivas” (op.cit.: 15). En la publicación del 2000 ya se ha omitido el término “capital social” del título del libro y en los textos institucionales que la prologan el “capital social” aparece sólo como uno de los procesos vinculados a la sociedad civil.

15 Entre los primeros: Ronald Reagan: “A medida que el gobierno se fue expandiendo, le cedimos las tareas que habían sido realizadas por las comunidades y los vecindarios” Citado por Jeremy Rifkin 1996: 294. También Michael Novak, “La Crisis de la Social Democracia”, en Estudios Públicos, Nº 74, Santiago de Chile, otoño 1999. Entre los segundos, notoriamente Anthony Giddens, 1999: 2 y ss. y también en su respuesta a Michael Novak, “El Futuro del Estado Benefactor”, incluida en el mismo volumen de la revista Estudios Públicos.

Sobre la inclusión de la “sociedad civil” y el “capital social” en las agendas políticas de los organismos internacionales, ver Diana Tussie (coord.), Los Organismos Internacionales frente a la Sociedad Civil: Las Agendas en Juego. Documento presentado a la Primera Conferencia Regional Sociedad Civil y Gobernabilidad Democrática en Los Andes y Cono Sur. Pontificia Universidad Católica de Lima, junio 1999. Durante su presentación en la 4ª Conferencia Internacional de la ISTR, Kumi Naidoo de CIVICUS, llamó la atención irónicamente acerca del hecho de que las unidades y oficinas “de ONG” en los organismos multilaterales, habían sido sustituidas por otras “de sociedad civil”. Veía en ello un cambio conceptual y nominal, pero no de procedimientos efectivos.


16 Ver los trabajos incluidos en Alberto Olvera (coordinador),^ La Sociedad Civil. De la teoría a la realidad. El Colegio de México, 1999.


17 “Comprender la acción de la Sociedad Civil requiere reconocer su rol como actor público, como esfera autónoma de la interacción social, oreintado a la promoción del desarrollo humano sustentable, a la erradicación de la pobreza y a la construcción de una vida pública más saludable”. (PNUD/ BID 2000: 25)

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 Alberto Olvera, “Introducción”, en: A. Olvera 1999: 21.

19 No corresponde tratar aquí la problemática planteada por los teóricos de “la sociedad civil como proyecto” que incluyen una amplia gama de posiciones políticas. Ver un ejemplo, en Gabriel Salazar, “De la participación ciudadana: capital social constante y capital social variable”, en Proposiciones Nº 28, Santiago de Chile, 1998.


20 Vicente Espinoza ha aplicado esta idea al campo de la superación de la pobreza, a partir de una idea formulada inicialmente por Granovetter en 1974. Ver Fundación Nacional para la Superación de la Pobreza, Un enfoque global de la pobreza y su superación, Documentos de Trabajo Nº 3, Santiago de Chile, 1999. Págs. 54 – 68.


21Alejandro Portes, “Capital Social: sus orígenes y aplicaciones en la sociología moderna”, en: J. Carpio e I. Novacovsky, De Igual a Igual: El desafío del estado frente a los nuevos problemas sociales, Buenos Aires , 1999, p. 256.


22 En determinadas coyunturas históricas, también las elites pueden requerir de “redes débiles”, que les permitan “ir al pueblo” y seguir reproduciéndose, insertándose en la sociedad de un modo diferente a la oligarquía tradicional, como lo muestra la trayectoria política de la “izquierda dorada” en Chile.

23 En el discurso de las agencias multilaterales se observa una cierta ambigüedad en la “apuesta” por el capital social, que se expresa en el énfasis en la “legitimidad de las instituciones” que brindaría el capital social. Es perfectamente válido pensar que lo inverso también es verdad: muchas veces los movimientos sociales pugnan por el cambio de instituciones que considerarn excluyentes e ilegítimas.


24 Gustavo Jiménez y Mauricio Rodríguez, El FOSIS y el Capital Social, Documento inédito, 1999, p. 38.

25 Las comunas fueron: Cerro Navia (en Santiago), Curicó y Arica.

26 En una localidad rural de la comuna de Santa Cruz toda una comunidad participa del Club del Adulto Mayor, independientemente de la edad. Mientras tanto, en la cercana Roma, muy similar en sus características, detectamos que el número total de participantes en organizaciones supera a la población mayor de 14 años, pues los miembros se repiten en diferentes grupos. Nuevamente un mismo fenómeno social da origen a dos tipos de asociatividad formalmente muy diferentes.

27 G. Jiménez y M. Rodríguez, op. cit.

28 El mall recibe dos millones y medio de visitas al mes, 60% de las cuales se concretan en consumo.

29 Actualmente CIVICUS está desarrollando un proyecto comparativo denominado Civil Society Index, que se basa en una conceptualización que intenta compatibilizar la especificidad de cada país, con los requerimientos de un proyecto comparativo. Su base es el llamado “Diamante de la Sociedad Civil”, compuesto por cuatro dimensiones no necesariamente relacionadas entre sí: estructura, valores, espacio político/legal e impacto. Cada dimensión tiene su campo de referencia central y da cuenta de un aspecto específico. En su conjunto busca trazar un perfil de la sociedad civil en un país determinado, que no se limita a las organizaciones existentes. Podría ser un proyecto que avance en la dirección que hemos estado proponiendo. Ver de Helmut Anheier, The CIVICUS Civil Society Diamond. Summary, Mimeo, London, 2000.



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